“Hace falta tener muchos ovarios para ser árbitro”

Inma Prieto (Jaén, 1993) llega al Café Jaén de la capital con la lengua fuera. “Estoy tremendamente ocupada, me faltan horas del día”, asegura mientras toma aire. Solucionado ese punto, comienza una entrevista que se prolonga durante casi una hora. Tiempo en el que habla de las cosas que le preocupan como mujer y ciudadana. Tiene una energía incontrolada producto de las mil cosas que lleva por delante. Pese a ello, es una chica prudente, de una inteligencia pausada y reflexiva. No le gusta meter la pata. Hace poco que acabó la carrera de Trabajo Social y ya está embarcada en un proyecto con la Universidad de Jaén. Se trata de un programa de alojamiento compartido de estudiantes con mayores, del que está especialmente satisfecha. Todo ello lo compagina con su gran pasión, el mundo del arbitraje. Es asistente de Tercera División y pita en otras categorías. Se siente orgullosa de lo que hace, pero reconoce que en el fútbol hay “demasiado machismo”.

—¿Hace falta tener muchos ovarios para ser árbitra de fútbol?

—Lo que hace falta son muchos ovarios y valor para meterse en un mundo dominado por los hombres.

—Y más sabiendo que, posiblemente, lo único que reciba serán insultos.

—Es una cosa a la que, por desgracia, te acostumbras. Tienes el cuerpo hecho a ello porque sabes que algo te van a decir. No es agradable, pero es la realidad.

—Sin embargo, los insultos a su compañera Soraya Leiva fueron demasiado lejos, ¿no cree?

—No he hablado con ella, ni sé realmente lo que pasó. He leído el acta, y lo único que puedo decir es que es muy triste que te digan ciertas cosas que, incluso, pueden llegar a amenazas de índole sexual.

—¿Usted ha vivido algún episodio parecido en un terreno de juego?

—Gracias a Dios no, y espero no vivirlo nunca, porque no sería nada agradable.

Inma Prieto es árbitro de fútbol.
Inma Prieto responde a una de las preguntas de la entrevista. Foto. Esperanza Calzado
—¿Todo por ser mujer?

—Por desgracia nos tratan peor que a los hombres. Solo por ser mujer nos descalifican. No tienen en cuenta nuestro esfuerzo, ni todo lo que trabajamos en este mundo. Hacemos lo mismo que un hombre y, en algunos momentos, hasta más porque tienes que superar más barreras que ellos.

—A la hora de acceder al silbato, todos son iguales, ¿no?

—Así es. No existen distinciones entre hombres y mujeres. Las pruebas físicas, los exámenes teóricos y las categorías son iguales para ambos.

—¿Y a qué se debe esa desigualdad?

—Principalmente por la sociedad que todavía está muy marcada por el patriarcado. La mujer no tiene el respeto que se merece. Somos personas y, como tales, nos merecemos el mismo respeto y trato que un hombre.

—Por sus palabras deduzco que el mundo del fútbol sigue siendo machista.

—Por supuesto. No me voy andar con rodeos, lo es. Empezando por el público, que, cuando insulta, lo hace con machismo.

—Pero todo no serán improperios. ¿Algún piropo le habrán dicho en un campo de fútbol?

—No, hombre (risas). No hace mucho. Fue en Melilla, en un partido de Tercera División. Me llamaron princesa desde la grada. También me han dicho, en alguna ocasión, ‘barbie’.

—Lo que veo es que tiene las ideas claras y nada condiciona su pasión por el arbitraje.

—Lo llevo dentro y es una de mis grandes pasiones. Soy una persona muy luchadora y trabajadora. Día a día, salgo al campo para demostrar lo que valgo, aunque yo ya lo sé. Lo que quiero es que la gente sepa el trabajo y el esfuerzo que requiere ser un buen árbitro de fútbol.

—Usted lo lleva en los genes.

—Sí. Forma parte de mi vida desde muy pequeña. Me gustaba ir con mi padre a los partidos de fútbol base y verlo arbitrar. Al final, una cosa llevo a la otra, y acabé metida en este mundo. Siempre tuvo claro que quería ser árbitro y no jugadora. Quizá por la autoridad que tiene. Al fin y al cabo, es un juez que imparte justicia mediante unas normas y unas reglas. Y eso fue lo que me gustó de este mundo.

Inma Prieto es árbitro de fútbol.
Inma Prieto, en el Café Jaén. Foto: Esperanza Calzado
—¿Cuál sería el partido de su vida?

—Lo que me gustaría es pitar en la élite del fútbol, en Primera División y ser internacional. Intentar superar a mi padre que llegó hasta la Segunda División. Es un reto muy bonito.

—¿Qué hace falta para que la mujer tenga el papel que le corresponde en el siglo XXI?

—Que nos traten igual que a los hombres porque no existen diferencias entre ambos sexos. Somos humanos, tenemos sentimientos y padecemos lo mismo que ellos. No sé donde está la diferencia. Los que hablan de que está en la genética o en el físico se equivocan completamente. La mujer ha demostrado, a lo largo de la historia, que puede realizar las mismas tareas que un hombre y que está capacitada para cualquier cosa. Lo que importa es el cerebro y el corazón, y, en ambos casos, los dos sexos los tenemos. Por lo tanto, no existen diferencias entre hombres y mujeres.

—También hay racismo en el fútbol

—Sí lo hay. Es otro tipo de discriminación que, entre todos, debemos erradicar de los terrenos de juego. Me entristece mucho ver cómo, en pleno siglo XXI, pueden pasar estas cosas. Las federaciones trabajan para acabar con él, pero no es fácil.

—¿Su formación académica le ayuda en los terrenos de juego?

—Me ayuda bastante, sobre todo en situaciones de crisis o de conflicto, para saber gestionar esos momentos. Soy de las personas que piensa que cuanto más sepas y más conocimiento tengas de las cosas, mejor. En mi carrera ves muchos temas relacionados con el comportamiento humano, que yo trato de aplicar en el campo, cuando se producen determinadas jugadas en las que son necesarias un poco de psicología.

—Lo que está claro es que el arbitraje no está pagado.

—Para nada. Al final, es lo comido por lo servido. Lo poco que gano lo vuelvo a invertir en arbitraje, por ejemplo, en preparador físico, en fisio, en material deportivo… Al final, te da para pagar el móvil y para tomarte algo con las amigas.

—¿Tendrá poco tiempo para estar con las amigas los fines de semana?

—Obviamente tienes que dejar muchas cosas en el camino. Llevo desde los quince años y ya lo tengo asumido. Es cierto que, al principio, cuesta un poco porque eres una niña, pero, con el paso del tiempo, te vas acostumbrando y te das cuenta que las personas a las que realmente importas están ahí, te comprenden y te respetan.

—¿Pero nunca se ha dejado un sábado por la noche una copa a medias por el arbitraje?

—Soy una persona muy responsable. Hay tiempo para todo y, además, no soy fiestera. Me gusta poco la fiesta. Para llevar tantas cosas, como llevo yo, o eres responsable o no las sacas. Sigo estudiando. Ahora en Granada tengo un proyecto con la Universidad muy bonito, los entrenamientos y el arbitraje. Como ve, muchas cosas.

Inma Prieto es árbitro de futbol.
Momento de la entrevista con Inma Prieto en el Café Jaén. Foto: Esperanza Calzado.

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