DE SUSANA A AMALIA, LA ÚLTIMA DE ANDÚJAR DESDE 2004

Son compañeras de trabajo. Madres. La una habla de la otra —y viceversa— con respeto y admiración. Son la mitad de las bomberas que trabajan en la provincia (una en Linares, dos en Jaén y otra en Peal de Becerro). En España, el número ronda las 700. Susana Bermúdez Valderas (46 años) es cabo del parque de la capital. Amalia Pareja Olías (40) es agente en el de Andújar, aunque ahora trabaja en la comisión de servicio de Jaén. Ambas saben qué se siente al ingresar en un cuerpo de seguridad lleno de hombres.

Susana Bermúdez. Rostro conocido en los medios. Es bombera por el impacto que tuvo en ella otra compañera de Úbeda, fallecida. La de Bermúdez —mujer de 1,75 metros de altura— es la historia de la primera jiennense que ingresó al parque. Lo hizo, en el año 2007, después de presentarse a una docena de oposiciones por todo el país. Cuestión de tesón. “En esta vida se puede conseguir cualquier cosa”, dice ella.

En 2007, nada más lograr la plaza, Bermúdez se empleó a fondo. De pronto el sargento de aquel momento empezó a probar con exigencia a su equipo, reforzado con una mujer de 34 años. Eran entrenamientos duros: había que subir por las autoescaleras después de cogerlas, saltar a un balcón, bajar y recoger esas escaleras pesadas. Los compañeros, recuerda ella, se miraban los unos a los otros. ¿Casualidad?

“Ellos me lo dijeron: el sargento me estaba probando”, rememora ella.

Dos años más tarde, Bermúdez se convirtió en cabo por concurso-oposición. Había interinos que acumulaban puntos por experiencia. Los que ella no tenía. Todos competían por diez plazas. Ocho tuvieron dueño. Otra tuvo dueña, Susana Bermúdez. Otra, vacía. “Siete cabos se quedaron sin plaza. Hubo a quien no le sentó bien mi logro”, apunta en conversación con LaContracrónica.

“MI EXPERIENCIA HA SIDO Y ES MUY POSITIVA”

Amalia Pareja es licenciada en Humanidades. A los 22 años tuvo que elegir entre lo que le pedía el cuerpo —rescate, sanidad, deportes de riesgo— y la materialización laboral de su título universitario. Entonces salía a correr con bomberos. Eligió ser una de ellos sin dejar de ser ella. “En 2001 me presenté a las oposiciones. Saqué plaza de interino. Y fue en 2004 cuando ya empecé a trabajar en el parque de Andújar”, explica.

¿Cómo fueron esos primeros días? “Desde que soy bombera, valoro aún más a mis compañeros. Me trataron muy bien. Nunca he tenido problemas. Todos hemos dado lo mejor de nosotros”, resume. A Pareja le encanta su trabajo, por más que haya intervenciones que se quedan grabadas: aquellos niños con graves quemaduras por aquel incendio, en Andújar, que sobrevivieron, pero perdieron al padre. “Priorizo lo bueno. En la mayoría de los casos, mi oficio es muy gratificante”, resuelve. ¿Y la adrenalina? “Yo, cuando era bombera de a pie, y sonaba la sirena por la noche, me despertaba vestida en el camión”, ríe Bermúdez, hoy de baja por una lesión en el menisco.

Amalia Pareja, en faena.
Amalia Pareja, en faena.

EN CONTRA DE LA CAPTACIÓN

Las pruebas físicas para ser bombero son las más exigentes. Incluyen: carrera de 1.000 metros; carrera de 200; subida de cuerda; dominadas en barra; prueba de natación, y prueba de subida a la torre de prácticas con la autoescalera. Los baremos que puntúan no son iguales en toda España.

En San Sebastián hubo, recientemente, una campaña para animar a las mujeres a presentarse a las oposiciones de bombero. No hay ninguna en el cuerpo. Nunca se ha hecho nada parecido en Jaén, tampoco en las filas de la Policía Nacional ni de la Guardia Civil, estas últimas ya de por sí muy demandadas.

“No me parece bien que nos pongan trabas para acceder al puesto, pero tampoco que haya captación forzosa, ni reserva de plazas, ni nada parecido. Flaco favor nos hacen a quienes amamos la profesión”, opina Amalia Pareja. “Ser hombre o mujer no implica ser buen bombero”, cierra.

TODO EMPEZÓ (Y CAMBIÓ) EL AÑO 1988

Francisca Navarro Pérez (40) tiene plaza de guardia civil en Torredelcampo. Ahora trabaja en Jaén. Sus padres se pusieron las manos en la cabeza cuando les dijo, en 2003, que iba a ser agente. Hoy presumen de hija agente. “Cuando empecé no había muchas chicas. La verdad es que me integré muy bien, porque me acogieron perfectamente”, recupera para LaContracrónica. Tenía entonces un cuarto de siglo de vida. Su sueño estaba ocurriendo.

‘Paqui’, como la llaman sus colegas de trabajo, se siente igual de cómoda en la calle que en la oficina, donde aplica conocimientos. “Lo primero llena más, sí”, admite. La calle implica historias y dramas, como los desahucios: “Cumples mandatos judiciales al desalojar, pero es muy duro ver a una familia salir de su casa”, señala.

Fue en 1988 cuando la Guardia Civil de Jaén incorporó a la primera mujer con placa. Cada año ingresan féminas al Cuerpo de Seguridad. Ahora son 28 en la provincia. “Es cierto que al principio ellas llamaban más la atención. Pero como guardia varón que soy, nunca he visto ningún problema por este asunto”, afirma Fermín Cano, responsable de Comunicación. La captación de mujeres no parece necesaria: “Nuestro profesión es libre. Y si sientes la vocación, puedes ejercerla”. Los compañeros de Francisca Navarro que asisten a la entrevista aplauden su intervención final.

Francisca Navarro, junto con otros compañeros de la Guardia Civil.
Francisca Navarro, junto con otros compañeros de la Guardia Civil.

UNA ESCENA POLICIAL SIN SANGRE QUE AÚN DUELE

Ocurrió un día, poco después del 9 de febrero de 1982, en Linares. Una recién estrenada policía local andaba por la calle, de servicio. Llevaba el uniforme —femenino y, por tanto, contracultural— de la época: gorra, corbata, chaqueta, camisa y falda pantalón. Una mujer de unos 40 años escaneó a otra mujer policía local con una mirada de desprecio cercana al odio, recuerda la policía.

—Tú deberías estar en tu casa fregando platos. Así no le quitarías el trabajo a los hombres. Como a mi hijo.

La policía local respondió:

—Las plazas de acceso son libres. Yo no se la he quitado a nadie, la he conseguido por oposición. ¿Lo ha intentado su hijo?

Ahí acabó el diálogo.

La policía local ofendida, la misma que en sus inicios veía cómo había ciudadanos del Linares recién democrático que hacían caso omisos a sus indicaciones, se llama C.I.C. Hoy acumula 35 años de servicio. Disfruta con lo que hace, y no ambiciona ascender a cabo. Prefiere el anonimato, porque trabaja en un grupo que atiende casos de violencia de género. Podría ser contraproducente revelar su identidad, argumenta ella.

“Desafortunadamente, el número de este tipo de conflictos aumenta, y se da especialmente en parejas jóvenes”, asegura.

“CÓMO ME HUBIESE GUSTADO LLEVAR ESE UNIFORME”

Ana Belén Lara Ocaña (42) es una de las 16 agentes de la Policía Nacional de Jaén. La madrileña trabaja en el mar de olivos desde 2006. Entonces no eran “más de seis” mujeres. Antes, en la academia de Ávila, había compañeros varones que no podían con ella en las pruebas físicas. A Lara la empujaba una obsesión de niña: ser policía nacional.

“Las campañas de captación me parecen una tontería. La mujer que quiera ser agente puede hacerlo. Tenemos las mismas oportunidades”, comenta a este medio.

Lara es feliz en Jaén. Nunca ha sufrido comentarios de mal gusto. Todo lo contrario: “Las señoras mayores nos piropean: ‘¡Cómo me hubiese gustado llevar ese uniforme en mi época!’. Eso nos dicen”, celebra. Los rostros —y los cuerpos— de la seguridad ciudadana han cambiado.

Ana Belén Lara, de servicio.
Ana Belén Lara, de servicio.

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