El discurso político internacional ha virado a la xenofobia. Desde las proclamas ultraconservadoras en materia de inmigración de Donald Trump, líder de EE UU, hasta los avances de partidos ‘antiextranjeros’ en el Viejo Continente. El de fuera es una amenaza. Ese mensaje está calando a un lado y a otro del Atlántico. Suerte que exista la intervención educativa desde los centros. En Villanueva del Arzobispo, el instituto Nieves López Pastor y el ‘Nuestra Señora de la Fuensanta’ son ejemplos de integración social desde hace más de una década: no hay fronteras en las aulas. No debería de haberlas después en las cabezas de los futuros ciudadanos con voz y voto.

EL IDIOMA, PRIMER OBSTÁCULO QUE YA NO ES TAL

Sebastián Medina es director del ‘Nieves López Pastor’ desde hace ocho años. En el instituto lleva más tiempo; entró en 1999. Conoce tan bien el centro como la realidad de Villanueva del Arzobispo. El municipio cuenta con un 8 por ciento de censados marroquíes, unos 700 de los, más o menos, 8.000 habitantes. Es una de las tasas de población foránea más altas de Andalucía.

La llegada de extranjeros tuvo una respuesta en el instituto muy diferente a las que hoy abanderan Trump y Le Pen. El centro incorporó el programa de la Junta Aula Temporal de Adaptación Lingüística (ATAL). La idea es acelerar la inmersión lingüística del estudiante que no domina el castellano para que avance en el curso al ritmo de sus compañeros.

Ese programa ayudó a Abdelkader, magrebí afincado en Villanueva del Arzobispo. Hoy ronda el cuarto de siglo de vida. “Llegó al centro hace 12 ó 14 años. No sabía nada de español”, recuerda Medina en conversación con LaContracrónica. Aparte del ATAL, el instituto le brindó un proyecto denominado ‘Tutorización entre iguales’: un alumno con más facultades se convierte en una suerte de ‘coach’ de otro con dificultades en el aprendizaje. Pupitre con pupitre. Es una medida genérica del centro que en el caso de los estudiantes extranjeros entrantes se vuelve imprescindible. “Abdelkader también participó en un programa de diversificación curricular parra completar la ESO. Ahora prepara unas oposiciones para Correos, y ha mejorado su nivel de castellano”, cuenta Medina.

Abdelkader tiene una hermana menor, alumna en el centro. No es Nabia, otra estudiante marroquí, pero la situación es similar a cuando él llegó a Villanueva del Arzobispo. Nabia entró el curso pasado al centro incapaz de expresar una idea en castellano. Ya está en el ATAL: dos horas de clase los martes y los jueves. Además, cuenta con una compañera que se sienta a su lado, que sí habla español y que le ayuda en clase. “Todos sus estados de ánimo los recibe el intérprete. Hablamos de una alumna que ahora solo puede asentir, sonreír y comunicarse por gestos”, señala el director.

El ATAL ha vivido un cambio con el paso de los años que lo ha convertido en un programa casi residual: la mayoría de los menores magrebíes que se matriculan en el centro hablan igual de bien el castellano y el árabe. Parte del trabajo integrador ya está hecho. El caso de Nabia es una excepción.

CENTRO DE BUENAS PRÁCTICAS

El 13 por ciento del alumnado que acude al ‘Nieves López Pastor’ reside en la Residencia Escolar Bellavista. La Delegación de Educación destina a ‘Bellavista’ cerca de medio centenar de alumnos “desfavorecidos”. La comunicación del centro con la residencia explica el éxito de su política social.

«Desde el curso 2014-2015, acude al centro profesorado marroquí que atiende al alumnado de esta nacionalidad y a sus familias, dentro del Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí que se desarrolla en colaboración con el Gobierno de España, la Junta de Andalucía y el Consulado de Marruecos». Es un extracto de un artículo-memoria del instituto. “El mejor termómetro de que la integración entre alumnos de diferentes nacionalidades funciona es el externo: la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa nos califica como ‘Centro de Buenas Prácticas‘ junto a otros de Málaga, Cádiz y Sevilla”, sentencia Medina. Cero conflictos por cuestiones étnicas en sus aulas.

EL COLEGIO CON MÁS EXTRANJEROS, EL MÁS DEMANDADO

El 20 por ciento del alumnado del ‘Nuestra Señora de la Fuensanta’ es magrebí. 80 de 400. La residencia escolar está justo al lado. A Marcos Expósito, director del colegio, le molesta un comentario reproducido por vecinos villanovenses cada cierto tiempo: “En ese sitio no meto a mi niño. Es el colegio de los moros”, dicen algunos. “Son incultos, catetos”, tercia Expósito.

Lo cierto es que a la hora de la matriculación, el centro con más demandas es “el de los moros”. “Aún no ha terminado el plazo y ya tenemos más peticiones que los otros dos del municipio”, añade.

Estudiantes del Colegio Nuestra Señora de la Fuensanta de Villanueva del Arzobispo.
Estudiantes del Colegio Nuestra Señora de la Fuensanta de Villanueva del Arzobispo.

DIVERSIDAD DE CREENCIAS

Los otros dos centros de infantil y primaria son concertados y católicos. “No tienen alumnos marroquíes”, apunta Expósito. En lo que respecta a las posibilidades de estudiar religión, la oferta del ‘Nuestra Señora de la Fuensanta’ es la más completa: católicos y evangélicos, esta última preferida por alumnos gitanos. “Y quien no quiera religión, puede estudiar valores ciudadanos”, comenta.

Garib Nagaz es un docente especializado en Literatura. Da clases de árabe disponibles para cualquier estudiante. También actúa de mediador entre el colegio y las familias marroquíes. “Me ha llamado siempre la atención el respeto de los padres marroquíes hacia los profesores. Yo he visto a uno llorar y pedir perdón por un comportamiento indebido de su hijo”, cuenta.

‘PROMOCIONA’, REFUERZO ESCOLAR MÁS ALLÁ DE LAS ETNIAS

Daniel Cortés Fajardo (14) tiene una duda en el horizonte: no sabe si será ingeniero de caminos o abogado, como un primo de su madre. Un referente para él. Daniel asiste a clases de refuerzo desde hace siete años gracias al programa Promociona. La línea de apoyo se desarrolla en ocho centros de la capital jiennense mediante un convenio entre el Secretariado Gitano y la Consejería de Educación. Atiende a medio centenar de estudiantes.

“Si me convierto en ingeniero agrónomo, trabajaré con mi tío, en la empresa familiar”, cuenta Daniel a LaContracrónica justo después de acabar una sesión de Matemáticas en el Colegio Alcalá Wenceslada.

Guadalupe Cárdenas, coordinadora del programa Promociona.
Guadalupe Cárdenas, coordinadora del programa Promociona.

Guadalupe Quesada Cárdenas es la orientadora educativa de ‘Promociona’. El programa tiene cuatro pilares: el aula, la mediación entre las familias y la escuela,  el rol de los centros educativos participantes y la base de datos, que registra todas las acciones. 

Quesada se ha convertido en una cómplice de las familias gitanas. Así combate el absentismo escolar, al tiempo que tensiona la motivación de alumnos y padres. Está satisfecha con su trabajo. ¿Lo peor? “Aún hay prejuicios y estereotipos con la población gitana. Y hay que acabar con los centros guetos”, declara a LaContracrónica en alusión a los colegios donde el alumnado es integramente de una etnia.

“Guadalupe Quesada hace un trabajo maravillo. ‘Promociona’ tiene sentido, claro que sí, pero más allá de la etiqueta. No dejan de ser clases particulares fuera del horario lectivo. Todos los alumnos son potencialmente gente capaz e interesante”, tercia Israel Mirabent, director del IES San Juan Bosco. También advierte de que, en ocasiones, el estereotipo emana de “círculos cerrados”. De discursos victimistas. “Es cierto que cuando una comunidad crece, su identidad se reafirma. En Villanueva del Arzobispo hay una mezquita”, apunta Expósito. “Tengo todo lo que quiero: soy un niño feliz”, presume Daniel Cortés. Hay educadores que velan por todos —todos— los alumnos para que así sea.

Estudiantes del programa Promociona reciben clase en el Colegio Alcalá Wenceslada.
Estudiantes del programa Promociona reciben clase en el Colegio Alcalá Wenceslada.

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